Novena al Gauchito Gil

La devoción al Gauchito Gil pertenece a una de las tantas creencias populares.

Se trata de la devoción multitudinaria a distintas mediaciones extra-eclesiales. No todas se encuentran en igualdad de condición. Cada una tiene sus matices y particularidades.

El pueblo cristiano, en su mayoría bautizado, acude a sus grutitas y lugares de oración y los reconoce como mediadores, intercesores y santos ante Dios.

No podemos ser indiferentes ante estas devociones y sus numerosos devotos que acuden a su intercesión. La actitud más común, de parte de nosotros como Iglesia, nos lleva a ser indiferentes o a excluirlos de nuestra piedad católica. Muchos no llegan a entender este rechazo eclesial. Sin embargo, despojándonos de todo prejuicio, sería bueno descubrir algunos signos del Espíritu en algunas de estas manifestaciones y asumir las semillas del Reino allí presentes. Dice el P.Tello: En las leyendas religiosas lo principal no es verificar su historicidad sino buscar los elementos que hacen que el creyente entre en comunión con el misterio divino. Estas historias, alojadas muchas veces en lo más profundo del corazón de los fieles, pueden ofrecer muchas ocasiones de entrega sincera y confiada a Dios y a los demás. La intensidad con las que generalmente se viven las devociones populares hace pensar que son el emergente de fuerzas muy profundas del espíritu humano que están destinadas a la comunión con lo divino. Por eso, la riqueza salvífica de estas historias radica en la capacidad que tienen para mover al creyente a poner un acto de entrega sincera a Dios y al prójimo. Esto es algo que no debe ser desconocido ni desaprovechado en la pastoral a pesar de las dificultades que pueda ofrecer a nuestra sensibilidad histórica moderna.

Nos detendremos ahora en la devoción del Gauchito Gil. Son muchos los reparos que todavía se tienen frente a esta devoción popular en algunos sectores. Las críticas más frecuentes pasan por considerarlo un culto absolutamente extraño a la tradición de la Iglesia. Seguiremos las reflexiones del P.Enrique Bianchi: La devoción al Gaucho Antonio Gil, reflexión teológico pastoral

Objeción 1: El Gauchito Gil es una devoción “pagana”: Hay quienes desconfían de las devociones que no han sido propuestas por la jerarquía de la Iglesia y las consideran devociones “paganas”. Generalmente, estas objeciones no tienen en cuenta que se tratan de creencias surgidas en el seno de un pueblo cristiano, con una cultura fraguada en varios siglos de cristianismo y que es mayormente bautizado. Como enseña el Papa Francisco en EG 110-129: no hay que pensar “lo cristiano” como algo rígido que deba vivirse según un único modo cultural. El Evangelio de Jesús está llamado a encarnarse en los distintos pueblos y éstos expresan su vivencia del cristianismo con los modos culturales que le son propios. Al derramar la salvación sobre los pueblos, Dios no suprime sus culturas. “La gracia supone la cultura” (EG 115), la tiene en cuenta y la transforma en vehículo de la respuesta del hombre a su llamada. Por eso, el cristianismo tiene tantos rostros como culturas en los que ha sido encarnado. Creemos que desde este marco teológico debe interpretarse el fenómeno de la devoción al Gaucho Gil. Se trata de un suceso que nace espontáneamente en el seno de un pueblo pobre que vive el cristianismo según su cultura popular. Es una más de tantas devociones populares que no han sido propuestas por la jerarquía de la Iglesia sino que nacieron directamente del pueblo.

En la devoción al Gaucho Gil puede verse cómo un pueblo reza de un modo propio, con algunos elementos tomados de la cultura guaraní y otros de la primera evangelización, pero conjugándolos con creatividad y expresando “su legítima autonomía” (EG 115). Sus devotos piden favores ofreciendo oraciones, velas, banderas rojas, cintas rojas, cigarrillos, bebidas, bailes y todo tipo de objetos. Estas ofrendas generalmente están vinculadas a promesas o pedidos muy concretos, cosas que tienen que ver con necesidades profundamente vitales: trabajo, salud, casa, auto, etc. Algunas de estas ofrendas tienen sus raíces en los ancestros guaraníes. Para ellos era común dejar sobre la tumba los alimentos y la bebida preferida del difunto. Los primeros misioneros les enseñaban que esa ofrenda podía consumirla cualquiera que rece por el alma del difunto. Las velas encendidas siempre han sido un modo de oración de los sencillos. También la bandera roja flameando se vuelve profesión de fe y oración. La cinta que tocó la imagen del santo y se lleva sobre el cuerpo tal vez esté emparentada con el uso de los escapularios. Bien mirado, este culto popular tiene la estructura de una devoción católica. El pueblo ve en el Gauchito a uno de ellos que está con Dios. Por eso lo toman de intercesor para conseguir las cosas que necesitan para vivir. El pueblo conoce por experiencia histórica y busca a Dios en lo concreto. Encontrar un hombre como ellos, que está junto a Dios y que vivió con la cultura de ellos, es un camino enormemente fecundo para entrar en comunión con el Dios que necesitan para vivir.

Objeción 2: el Gauchito Gil no es santo de la Iglesia: Al repasar la evolución histórica de los procesos de canonización lo primero que salta a la vista es que ya habían pasado más de mil años de santos cristianos cuando toma fuerza la idea de que un santo debe ser declarado por el Papa. En los primeros siglos de cristianismo era la piedad del pueblo cristiano quien decidía a quien se veneraba. Los elementos que se conjugaban para que un santo sea elevado a los altares eran: su martirio, sus milagros y la veneración que le daban. Seguramente muchos de esos santos (que aún hoy veneramos) han tenido “canonizaciones populares” similares a la que nuestro pueblo hace de Antonio Gil. Recién en el año 993, cuando Juan XV canoniza a San Ulrico de Augsburgo, se produce la primera canonización hecha por un Papa. No siempre la Iglesia fue tan estricta para elevar un santo a los altares. Y que no es forzado suponer que, en el caso de algunos santos de los primeros siglos del cristianismo que aún veneramos, su devoción pudo haber nacido de un modo similar al que se da hoy en día en torno al Gaucho Gil.

En esta devoción popular son muchos los elementos genuinamente cristianos. Es una historia de libertad, martirio y perdón que está calando cada vez más hondo en el corazón de nuestro pueblo, especialmente entre los pobres y marginados. Son muchos los que a través de esta devoción sienten cada día sus vidas envueltas por el amor misericordioso de Dios. Es de una intensidad difícil de describir la confianza que muchos de sus devotos tienen en el poder de intercesión de Antonio Gil. Esto no significa que tengamos que caer en una mirada romántica que niega los posibles excesos y desviaciones que se pueden dar en este culto. Pero creemos que estos probables defectos no impugnan la sustancia cristiana del fenómeno. Todas las devociones están expuestas a desviaciones, eso es algo humano. El Papa nos invita a salir sin miedos que nos paralicen: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades (EG 49). Es preferible el riesgo de equivocarnos en la valoración de este fenómeno a permanecer indiferentes ante un hecho de fe con el que se siente identificado gran parte de nuestro pueblo pobre y sufrido. Sigue diciendo el Papa: para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres (EG 125).

Sería interesante acercarnos a este mundo, desconocido y temido por muchos, con un corazón despojado de prejuicios. Aunque reneguemos, gran parte de nuestra gente mantendrá estas creencias y ritos. Se trata de asumir los valores que esconden estas mediaciones, y de poder acompañarlas. Nos debemos, ante todo, un diálogo y una reflexión profunda acerca de estos fenómenos religiosos. Con este modo de acercamiento, terminaremos sorprendiéndonos de las certezas de fe y valores evangélicos que estas expresiones esconden y expresan.

Novena

A continuación presentamos el texto de la novena compuesta por el Padre Julián Zini.

Hace tiempo que buscaba conseguir este texto y no lo podía encontrar. Agradezco la generosidad de Gonzalo Tassitano, de producir esta versión digital.

Indice

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