Una gran familia HUACHANERA (I) (El manto)

VISTIENDO EL MANTO DE LA MADRE

Hace unos años, venimos “vistiendo” a la Virgen con algún manto donado por los peregrinos.

El último sábado de agosto, cuando la comunidad local de la Parroquia a la que pertenece el Santuario, realiza su peregrinación anual, desde su sede parroquial en Santos Lugares, se realiza el cambio del manto. Se le saca el de la fiesta y se coloca el manto donado.

En su fiesta menor, el 2 de febrero, se le quita este manto y se le coloca un segundo manto donado. Unos días antes de la novena, se le quita este manto y se le coloca su tradicional manto de la fiesta.

¿Qué hacemos con estos dos mantos que estuvieron vistiendo a nuestra Madre durante unos meses? Con la ayuda de varios servidores, los vamos trozando en pequeños retazos para preparar una cantidad considerable de estampas que lleven un pedacito del manto de la Virgen. Estas estampas son entregadas a los peregrinos durante la novena.

Con el resto del manto, preparamos unos escapularios con el fin de entregarlos a algunas personas que necesiten especialmente el cuidado y protección de la Virgen. En especial buscamos hacerlos llegar a los enfermos, ancianos o personas necesitadas.

Por poner un ejemplo, durante el año 2016, entre las personas que recibieron este escapulario, podemos nombrar a una religiosa que trabajó varios años en nuestra zona y en nuestro Santuario y que está padeciendo cáncer (Hna María Rosa Copelli A.C.I.). También lo recibió una laica misionera que sirvió muchos años a nuestra diócesis de Añatuya en la Parroquia vecina de San José del Boquerón y que, hace muchos años viene participando de la fiesta de la Virgen. Ella es Mari Quadri y también está padeciendo de cáncer. Un sacerdote santiagueño, párroco de La Banda, el P.Juan Castro, también con cáncer, ha recibido el escapulario. Por último, cabe mencionar que, durante la celebración de Beatificación de Mama Antula, en agosto de 2016, aprovechando la presencia de la sra. gobernadora de la Pvcia de Santiago del Estero, sra. Claudia de Zamora y la presencia de la vice-presidenta de la Nación, la sra. Gabriela Michetti, le hemos entregado este símbolo sagrado, para que la Virgen las guíe en su misión tan delicada e importante, al frente de tantos hermanos.

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¿A qué nos compromete portar el manto de la Virgen?

-Llevar el manto de María nos recuerda su amor y protección maternal. Ella nos arropa, nos cobija, nos cubre con su manto, protegiéndonos de todo mal. Su manto es un escudo contra todo mal.

-Llevar el manto de María nos compromete a ser parte de su vida. Su manto hace de documento de identidad. Nos pone en comunión con Ella. Llevamos sus colores. Es un signo de nuestra pertenencia a María. Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. Su manto es un símbolo de nuestra consagración a María.

-Llevar el manto de María nos permite reconocernos como hermanos, hijos de una misma Madre, portando sus mismos colores. Su manto nos reconcilia, acerca distancias, nos hace salir de nosotros mismos, apreciar lo bello del otro, reconocer nuestro error, pedir perdón, tomar la iniciativa, perdonar siempre sin rencor, tender puentes, superar viejos enfrentamientos, apostar por los gestos heroicos y audaces, reiniciar el diálogo.

-Pertenecer a María es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y por su corazón.

-Llevar su manto es estar abiertos, como la Virgen, al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos.

María lleva los colores del monte santiagueño, donde quiso quedarse. María, la llena de gracia, nos regala una Vida nueva, la de su Hijo Jesús que ha venido para que todos tengamos vida y Vida en abundancia. Su manto verde nos compromete en el cuidado y defensa de la vida:

…del monte y la naturaleza, nuestra Casa común, fuente de vida de nuestros hermanos campesinos.

…la vida amenazada de tantos crucificados por la injusticia y la indiferencia, por el egoísmo y la corrupción, por la marginación y el sin sentido, por la soledad, la enfermedad y el dolor.

…la vida de Dios, presente en lo más hondo de nuestro corazón; en la Familia; en la Comunidad; en el rostro de cada hermano; en la Palabra y la Eucaristía.

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